lunes, 12 de febrero de 2018

El Miércoles de Columna

Abrigo, misa y ceniza en la frente. El barrio, agitado. La iglesia, hasta el cancel. Los nervios, disparados. Erguido ante la columna, el Cristo de Santiago espera a que el párroco baje del altar y a que el hermano más cercano al interruptor, al recibir la orden, deslice su dedo sobre éste y haga la oscuridad. Mientras las pupilas enfocan para encontrar su tamaño adecuado, un luz, que escapa del cristal de una tulipa, se dispara para escurrirse por las piernas del Amarrado y acariciar su abdomen. Otra ráfaga impacta, fugazmente, sobre la fina lámina de cristal que separa la Esperanza del dolor. Se pide silencio. Medio templo enmudece. El otro medio, espera. Las andas andan, el sonido suena. Se lee la primera estación. Ahí empieza la Cuaresma en Lucena.