jueves, 15 de mayo de 2014

El convento de Santa Ana de Lucena

La rama femenina de la orden dominica se establece en Lucena en 1585 por expreso deseo de don Fernando del Pino, vicario de San Mateo. Las monjas se instalan junto a la ya existente iglesia de Santa Ana, que existía unos diez años antes de la llegada de las dominicas. La cronista del cenobio, Leonor de Góngora, relata el establecimiento de las religiosas en nuestra ciudad. Así, la función de priora fue desempeñada por la madre Leonor de Ávalos, que ocupó las instalaciones junto a Beatriz de Aguilera, Andres de los Ángeles y Catalina del Castillo, todas ellas procedentes del convento de la Concepción de Porcuna. 


La iglesia primitiva resultó pronto insuficiente para las monjas, que acordaron su demolición y la construcción de una nueva a finales del siglo XVII. Finalizadas las obras, fue instalado el Santísimo en abril de 1694. La fachada, abierta a la antigua calle Loja o de Santa Ana, hoy Antonio Eulate, estaba realizada en ladrillo y dividida en su parte inferior en tres tramos. El central estaba ocupado por la portada de mármoles de colores, mientras que en los laterales se disponían vanos ciegos y óculos. 



La portada, que podemos ver en todo su esplendor adosada a uno de los muros exteriores del Museo Arqueológico de Córdoba, está enmarcada por dos grandes columnas salomónicas que sustentan un entablamento partido al centro sobre el que se asientan pináculos en eje con los fustes y, presidiendo, una hornacina con la imagen de Santa Ana enseñando a leer a la Virgen María. 

(Proceso de montaje de la portada en el Museo Arqueológico de Córdoba. Foto Archivo Municipal de Córdoba)


La fachada se remataba con una espadaña de dos cuerpos, también de ladrillo. El inferior poseía dos vanos mientras que el superior contaba con uno, siguiendo un esquema muy similar al de otros templos lucentinos como la iglesia del Carmen. 


El interior constaba de dos partes bien diferenciadas. Por un lado, el cuerpo de la iglesia estaba compartimentado en tres naves por columnas toscanas sobre pedestales y arcos de medio punto que daban paso a una bóveda de cañón con lunetos en la nave central y bóvedas de crucería en las laterales. La nave central estaba unida, gracias a un gran arco, a la cabecera, de planta octogonal y separada de las naves laterales por arcos oblicuos. A los lados se abrían, como es habitual en los conventos femeninos, los coros bajos para las religiosas. 


En la cúpula se colocaron pinturas de los apóstoles y los evangelistas, mientras que en las pechinas se optó por la inclusión de los escudos del Marqués de Comares, de la orden propietaria y cabezas de santos. De todo este programa pictórico, que se ha querido vincular con el pintor Antonio Mohedano, han llegado a nuestros días algunas muestras, exhibidas en el Museo de Bellas Artes de Córdoba, el Ayuntamiento y la iglesia de San Pedro Mártir de Lucena y en la madrileña pinacoteca del Prado. Otras pinturas no han corrido la misma suerte y siguen en manos de particulares que han querido negar a Lucena lo que le corresponde. 


 (Tondos de San Juan Bautista y Cristo. Foto de la web del Museo de Bellas Artes de Córdoba)
 (San Juan Evangelista. Foto de la web del Museo del Prado)
(Foto El Parigolón)

La iglesia estaba presidida por un retablo mayor de grandes dimensiones, del que sobresalen tres parejas de columnas salomónicas que enmarcan la calle central. En la actualidad, se puede contemplar en la cabecera de la iglesia de Nuestra Señora de Armentera de Cabeza del Buey, en Badajoz. 


(Fotos de la web de la Parroquia de Nuestra Señora de Armentera de Cabeza del Buey)

Recibían culto en el templo un cuadro del Cristo de la Paz, otro de la Divina Pastora, San Juan de Dios y la Virgen del Buen Suceso. También sabemos que el retablo de la capilla del Encuentro procede del convento dominico, llegando a la calle Ancha después de una breve estancia en San Martín. 



El convento, que presumió de fama e importantes privilegios, sufrió los efectos de la desamortización impulsada por el ministro Mendizábal en 1836. Huérfano de religiosas, fue comprado por doña Clara Cortés Curado, cuya intención era repararlo para que lo ocupara una comunidad capuchina. La fundación no prosperó y volvió a ser adquirido, esta vez por la orden escolapia, aunque pronto pasó a ser propiedad de don José Chacón y Valdecañas, Marqués de Campo de Aras, si bien en 1903 se autorizaba a una comunidad de agustinos una fundación en él que nunca llegó a consumarse. El recordado párroco de Nuestra Señora del Carmen, don Joaquín Jiménez Muriel, intentó repararlo en los años treinta, aunque la retirada del retablo marcó el punto final de la iglesia, demolida, para vergüenza de los lucentinos, en 1940. 


1 comentario:

  1. ¡QUE LASTIMA DEL CONVENTO DE SANTA ANA , AHORA LO DISFURTAN EN PARTE LOS VECINOS DE CABEZA DEL BUEY DE BADAJOZ

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