lunes, 3 de noviembre de 2014

Luis Álvarez Duarte y la Virgen de la Soledad de Lucena (Aparecido en Lucenahoy)

Aunque ya supera los sesenta años, Luis Álvarez Duarte sigue activo. Incansable imaginero de altiva actitud, realiza su opera prima para el sevillano barrio de San José Obrero. La Virgen de los Dolores, esculpida en 1962, inicia una larguísima lista que a día de hoy sigue aumentando. En cambio, la fama le llegó cuando, tras conocer que la hermandad de las Aguas buscaba una dolorosa, presentó a sus miembros una imagen que, acogida con ilusión, recibió el nombre de Guadalupe. La talla, trasladada con su hermandad desde San Bartolomé hasta la capilla del Rosario de la calle Dos de Mayo, se hizo popular por sus aniñados rasgos. Poco después, la incipiente cofradía de Nervión le encomienda la hechura del Cristo de la Sed; Málaga le confía el encargo de la Paloma; y la capital choquera le brinda la oportunidad de reponer a la Virgen de la Victoria del Polvorín. Pero el impulso definitivo lo tomó cuando la trianera cofradía del Cachorro pensó en él para reparar la pérdida de la Virgen del Patrocinio, que había perecido en un incendio en 1973. Lejos de calcar fielmente la original, Duarte realizó una versión personal que por su gracia heredó el afecto de los sevillanos y el cariñoso apodo de “la Señorita de Triana”. Le llovieron los encargos por toda Andalucía desde ese momento, siendo sus años más fructíferos los ochenta y, sobre todo, los noventa. La aparición de imagineros de enorme formación a finales del siglo pasado y, sobre todo, a principios del presente, así como sus inapropiadas incursiones en el campo de la restauración, le valieron una crítica desfavorable. Igualmente, Duarte ha sido acusado, como le ocurrió a Antonio Eslava, de imitarse a sí mismo, seguramente por la necesidad de satisfacer muchos encargos en muy poco tiempo.

Sus innumerables apariciones en medios públicos a través de reportajes y entrevistas nos han permitido conocer la cara más íntima del imaginero. De sus intervenciones, contradictorias a veces y polémicas casi siempre,1 se desprende la devoción y admiración que siente hacia la Virgen de la Esperanza de la Trinidad, venerada en la iglesia anexa al colegio salesiano al que asistió como alumno. De su autor, el archidonés Juan de Astorga, toma la capacidad de combinar espiritualidad y hermosura, como demostró en la cordobesa Virgen del Rosario, una de sus obras más celebradas. 

1En una misma entrevista altera el orden de ejecución de algunas obras. Ver http://www.lahornacina.com/entrevistasduarte.htm

Junto a los recuerdos de niñez y a las etapas de aprendizaje con Francisco Buiza, Antonio Eslava o Rafael Barbero, la polémica restauración de la Esperanza de Triana marcaría su obra. En 1989 recibe la petición de repolicromar la imagen, si bien para algunos utilizó algo más que pinceles durante la intervención, afirmación desmentida de manera reiterada por el autor. En cualquier caso, ese mismo año presenta al pueblo almeriense la Virgen de Fe y Caridad, claramente inspirada, consciente o inconscientemente, en la dolorosa trianera.

Posicionado el imaginero entre los artistas más demandados, acuerda con la centenaria cofradía lucentina de la Soledad la hechura de su titular. La dolorosa, de cabeza inclinada y largos y finísimos dedos, sigue el modelo astorguiano de joven doliente pero hermosísima. En su rostro ovalado se inscriben la boca, entreabierta y de labios menudos, y una proporcionada nariz. De sus grandes ojos de penetrante mirada y espesas pestañas acaban de brotar lágrimas que parecen deslizarse para desembocar en el hoyuelo de la barbilla. Esta lozana mocita enamoró a los lucentinos, que entendieron que ése sería el nuevo rostro de la Soledad de María.

La ciudad de Málaga recibe en 1988 a la Virgen de la Salud. Venerada en el barrio de la Trinidad, presenta paralelismos con la talla lucentina, al igual que la Virgen de la Divina Gracia del hispalense barrio de Palmete, entregada un año antes.
 
Álvarez Duarte es, sin lugar a duda, uno de los artistas contemporáneos más conocidos y reconocidos. Admirado y denostado a partes iguales, ha sido alabado por la unción sagrada que imprime a sus imágenes sin renunciar a la belleza física, pero le han pasado factura sus restauraciones en las que las labores de conservación quedaban relegadas a un segundo plano a golpe de gubia. Mientras la crítica tira y afloja la cuerda de la genialidad que lo situará en el escalón que le corresponda, a nosotros nos queda rendir culto a imágenes como la Santísima Virgen de la Soledad que, ajena a todo, ha recuperado y superado la devoción que Lucena profesaba a sus predecesoras en el camarín de Santiago.


miércoles, 27 de agosto de 2014

La Virgen de Araceli y la Santa Sede

Justo cuando la cofradía de María Santísima de Araceli alcanzaba sus primeros cincuenta años de vida, sus componentes recibían un importante documento firmado en Roma. Camilo Borghese, que ocupaba el solio pontificio bajo el nombre de Paulo V, expedía el 5 de agosto de 1613 una bula de indulgencias de la que se beneficiarían los cofrades y devotos de Nuestra Madre que, habiendo confesado y comulgado, asistieran a su ermita el primer domingo de mayo o en otras festividades señaladas.


Entre los principales hitos del pontificado de Paulo V, que ocupó la silla de Pedro entre 1605 y 1621, están su enfrentamiento con Galileo Galilei por su defensa del heliocentrismo o la beatificación de San Felipe Neri, San Francisco Javier, San Ignacio de Loyola y Santa Teresa.

Sobrepasado el centenario de la fundación, Giulio Rospigliosi, que como papa adoptó el nombre de Clemente IX, enviaba a la hermandad aracelitana otras indulgencias para los que visitaran el santuario de la patrona de Lucena durante la octava de su festividad y a los asistentes a la novena. 



El sucesor de Alejandro VII vio cómo se terminaba durante su papado la plaza de San Pedro del Vaticano, obra de Gian Lorenzo Bernini. El pontífice, amante de la música y autor de libretos operísticos, encargó el primer teatro de ópera de Roma, inaugurado en 1668, justo un año antes de que canonizara a San Pedro de Alcántara. 
Plaza de San Pedro del Vaticano

El 14 de marzo de 1851 se cerraba definitivamente el proceso para la ratificación del patronazgo de María Santísima de Araceli sobre la ciudad de Lucena. El papa Pío IX era el encargado de proclamar “Augusta Patrona y Abogada de la Ciudad de Lucena” a la Virgen de Araceli, zanjando así la discusión, tan interesante desde el punto de vista historiográfico, entre sanjorgistas y aracelitanos. 

Pío IX, cuyo pontificado, el más largo hasta el momento, se extendió desde 1846 hasta 1878, fue un papa liberal que, no obstante, tuvo que enfrentarse a las oleadas revolucionarios de 1848 que lo obligaron a refugiarse en Gaeta a causa de la proclamación de la república en Roma. A su vuelta, no aceptaría la unificación italiana ni la figura de Víctor Manuel II, al que llegó a excomulgar. Fue el encargado de proclamar el dogma de la Inmaculada Concepción el 8 de diciembre de 1854 a través de la encíclica Ineffabilis Deus.
Grabado editado en Málaga por Francisco Mitjana con motivo de la proclamación del patronazgo de María Santísima de Araceli sobre la ciudad de Lucena en 1851.


Otro proceso dilatado en el tiempo finalizaba con el visto bueno de Pío XII. Se trataba de la coronación canónica de nuestra patrona, que desde comienzos del siglo XX se venía reclamando. Finalmente, el 7 de marzo de 1947 se firmaba el decreto de coronación canónica, acto que tendría lugar un año más tarde.

 
A Pío XII le tocó vivir una de las épocas más complicadas de la historia reciente. Accedió al papado en 1939, por lo que tuvo que llevar las riendas de la Iglesia católica durante la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría, finalizando su mandato en 1958. Se mostró en contra de Hitler, lo que no impidió que, terminada la contienda, se posicionara en contra del comunismo, acercándose a Estados Unidos y a regímenes como el franquista, con el que firmó un concordato en 1953. En ese sentido, los historiadores no se ponen de acuerdo a la hora de valorar su papel en estos difíciles años. En cualquier caso, una de sus principales aportaciones a la Iglesia fue la proclamación del dogma de la Asunción de la Virgen en 1950. 
Coronación canónica de María Santísima de Araceli
 
En 1962, para conmemorar el IV centenario de la llegada de nuestra patrona a Lucena, se celebró un año jubilar con un extenso programa de actos entre los que se incluyeron traslados de la Virgen de Araceli a distintas iglesias de nuestra ciudad. Durante la novena, en la que predicó, entre otros, Bueno Monreal, arzobispo de Sevilla, se dio lectura a una carta remitida por el papa Juan XXIII en la que felicitaba al pueblo de Lucena y pedía por la intercesión de “la Reina de esas tierras”. 

 
El papa bueno”, Angelo Giusseppe Roncalli, accedió al solio pontificio tras el cónclave de 1958, tomando el nombre de Juan XXIII. Carismático y de buen sentido del humor, llevó a cabo la última gran reforma de la Iglesia católica a través del Concilio Vaticano II, iniciado el mismo año en que nuestra patrona cumplía cuatrocientos años velando por los lucentinos. Fue beatificado en el año 2000 por el papa Juan Pablo II. Ambos fueron canonizados el 27 de abril de 2014 por Francisco, celebrándose su festividad el 11 de octubre. 
 

La Real Archicofradía atesora, como hemos visto, un importante legado documental que atestigua la enorme devoción que el pueblo de Lucena ha profesado hacia María Santísima de Araceli desde su llegada a la ciudad en 1562 hasta nuestros días. 
El papa Francisco recibe una fotografía de la Virgen de Araceli de manos del imaginero López del Espino
 


lunes, 18 de agosto de 2014

El Santísimo Cristo del Amor en la parroquia de San Mateo

En 1867 llega a San Mateo la imagen del Cristo que desde 1972 conoceremos por la advocación del Amor. Procedente de la ermita del Santo Cristo del Valle, ocupó varios altares en la iglesia hasta que se entronizó en el retablo de la Virgen de la Cabeza, colocado en la parroquia matriz en 1898.
Foto de Historias lucentinas
Foto de Campanitas



El Cristo del Amor en 1983. Foto de Campanitas

La bendición de la imagen de María Santísima de la Paz en 1984 cambió el emplazamiento del Señor en la iglesia que, finalmente, pasó a recibir culto en la antigua capilla sacramental junto a la dolorosa, formando una estampa en pocas ocasiones alterada. 
                            
El Cristo del Amor durante la restauración de la Virgen de la Paz. Fotos de Antonio Ruiz.

jueves, 24 de julio de 2014

La capilla del Amor durante la restauración de la Virgen de la Paz

El 25 de febrero de 2007, María Santísima de la Paz regresaba a San Mateo después de la restauración a la que fue sometida en el taller de Salvador Guzmán. 
Reposición al culto de la Virgen de la Paz. (Foto Antonio Ruiz)

Durante los meses que duró la intervención, el Santísimo Cristo del Amor se dispuso en el centro de la capilla, ofreciéndonos una estampa inusual.
(Fotos Antonio Ruiz)

jueves, 17 de julio de 2014

La Virgen del Carmen de Lucena

Aunque la archicofradía de Nuestra Señora del Carmen de Lucena se funda en 1606, no es hasta 1799 cuando adquieren la imagen de su titular letífica de forma definitiva. La talla procede del taller del escultor Felipe González, discípulo de Torcuato Ruiz del Peral, que la concluyó en 1799.

La Virgen del Carmen fue concebida para portar con ambas manso cerradas para sostener un cetro y mostrar el escapulario. Recientemente, la hermandad ha publicado en su blog una fotografía de un misterio compuesto por la imagen que nos ocupa junto a San Simón Stock, al que entrega su escapulario.
En nuestro entorno existen interesantes ejemplos de la iconografía de Nuestra Señora del Carmen portando el escapulario y el cetro. En Priego de Córdoba podemos destacar dos, la titular del templo dedicado a la Virgen del Carmen, que procesiona en su festividad, y la que preside un altar del Sagrario de la Asunción.
Fotos de José Antonio Invernón Porras El Enfoque Cofrade 
Otros ejemplos se encuentran en la población onubense de Galaroza o en Antequera, donde se venera una interesante imagen de vestir.
Foto de Callejuela de Azahares
Foto de La locura de una familia cofrade

La iconografía de la lucentina Virgen del Carmen se alteró para añadir un Niño Jesús, primero el de la Virgen de la O y, más tarde, el seriado que conserva en la actualidad. 


La forma de presentar a la Virgen del Carmen ante los fieles también ha variado, tanto en la vestimenta como en las andas procesionales. La elegante corona de plata ha sido reemplazada por otra de dudoso gusto, al igual que el escapulario o el manto, que sustituye a la capa. Durante los primeros años del presente siglo se intentó, sin éxito, recuperar la iconografía original y la forma de vestir, prescindiendo de los trianeros tocados de su anterior vestidor, don Enrique Cuenca. Las duras críticas levantadas por un sector de sus devotos motivaron la indefinición estética en la que la imagen sigue sumida en la actualidad.



 

miércoles, 18 de junio de 2014

Algunas notas sobre la imagen de Jesús de Medinaceli de Lucena

La archicofradía de Nuestra Señora del Carmen, fundada en 1606 en la iglesia del convento carmelita, va a convertirse en una de las hermandades más pujantes de la ciudad, poniendo en la calle un peculiar cortejo de figuras bíblicas que acompañaban a los pasos. En el siglo XIX, se incorpora a los desfiles la imagen de Jesús Preso, talla salida del taller de Pedro Muñoz de Toro.

En la segunda mitad de la centuria, la hermandad experimentará una crisis que provocará cambios en la jornada de salida para, más tarde, realizar la estación de penitencia de forma intermitente. En ese contexto, la familia Fernández de Villalta deposita la imagen de Jesús Preso en el convento de Santa Clara de la calle las Torres. Al desaparecer éste, el Cristo pasa a la iglesia del convento masculino de la orden, Madre de Dios. Ya con la iconografía y advocación de Jesús de Medinaceli, vuelve a procesionar por las calles de Lucena en 1973 el domingo posterior al primer viernes de Marzo, adelantándose al sábado a partir de 1985. 
(Foto de Antonio Ortega)
Finalmente, en 1989 se incorpora a los desfiles procesionales del Lunes Santo lucentino en el seno de la hermandad de Pasión que se hallaba en pleno proceso de reorganización.
Entre 1995 y 1996, Jesús de Medinaceli es sometido a una importante remodelación por parte del imaginero Manuel Luque Bonillo, que llega a desvirtuar los rasgos originales de la talla. Es entonces cuando se adquiere el antiguo trono de San José para el desfile procesional. 


 (Foto Antonio Ruiz)

En estos años de renovación, en los que el Cautivo llega a vestir una túnica prestada por el pontanés Nazareno de las Penas y otras de color blanco, se gesta la idea del nuevo paso procesional adquirido en Córdoba y cuya historia llena una entrada del blog. 


(Foto Antonio Ruiz)
(Foto Manuel Roldán Fernández)