lunes, 29 de abril de 2013

El paso de Jesús de Medinaceli: La Historia de unas andas viajeras.

El Lunes Santo de Lucena se abre con uno de los tronos más espectaculares de la Semana Santa, el de Jesús Cautivo de Medinaceli. Está compuesto por un canasto del siglo XVIII que fue profundamente restaurado en los talleres de Guzmán Bejarano. El tallista le añadió un baquetón y unos candelabros arbóreos. También se suprimieron los respiraderos y los antiguos candelabros, piezas salidas del mismo taller con anterioridad. Así, se ponía en las calles lucentinas por primera vez en 2005, sustituyendo a un trono de mucho menos valor que procedía de la hermandad de San José Artesano.


El origen del canasto nos lleva a la ciudad de Cádiz, donde la cofradía de Columna, erigida en la parroquia de San Antonio, procesionó a su imagen titular, el conocido como "Aguador" por su fama de atraer al líquido elemento, en estas andas dieciochescas. Lo hizo, tal y como testifican estas fotografías extraídas de la web de la hermandad, hasta los años treinta. Desde ese momento, la hermandad fue sustituyendo el paso hasta acabar con uno de metal plateado de los talleres lucentinos de Angulo que recientemente ha sido cambiado por otro de madera tallada, aún en proceso de ejecución.



La Asociación del Cristo del Silencio de esta ciudad marinera se interesó por este antiguo paso y, con la idea de celebrar un Via Crucis cuaresmal por el barrio a la espera de poder ser constituidos en hermandad, hecho que jamás se produjo, lo adquirieron en 1982 por cien mil pesetas. Fueron los encargados de reformarlo en los talleres de Guzmán Bejarano.


Las malas relaciones de la asociación con la curia provocaron una tensa situación: debían entregar a la parroquia de San Antonio la imagen del Señor del Silencio, obra de Ortega Bru, o abandonarla. Con el ambiente más que caldeado y la certeza de que en la Diócesis de Cádiz no se fundarían nuevas hermandades, entablan conversaciones con Fray Ricardo de Córdoba, que media entre el grupo gaditano y la hermandad del Amor de Córdoba. La negociación culminó en el traslado del Cristo, junto con su patrimonio, hasta la ciudad califal, el 16 de noviembre de 1991, cambiando las cristalinas aguas de la bahía de Cádiz por las del antiguo Betis. Un año más tarde, el Domingo de Ramos cruzaba el obrero barrio del Cerro este histórico paso que, caprichos del destino, tuvo que refugiarse en San Francisco al sufrir un percance. 

Manuel Téllez realiza dos figuras para formar un misterio en torno al Cristo del Silencio. La escena se ampliará tras la venta del trono a la hermandad de Pasión de Lucena, al confeccionar la cofradía del Amor un nuevo paso de misterio de mayores dimensiones.


Además del periplo del canasto por tierras gaditanas, cordobesas y lucentinas, hay que destacar otros usos que se le ha dado. En la ciudad de Córdoba fue empleado hasta en dos ocasiones para salidas extraordinarias. La primera de ellas tuvo lugar el 14 de noviembre de 1992, día en que la hermandad de Jesús Rescatado celebró con una procesión su cincuentenario. El Señor de Córdoba salió por su barrio sobre el paso del Medinaceli lucentino, tal y como atestigua esta fotografía de la web de la cofradía.


Las andas sirvieron para llevar a la imagen de San Rafael de la ermita del Socorro, junto a la emblemática plaza de la Corredera, hasta la Plaza de Toros de los Califas, en el año 2000.


Es, como vemos, un canasto con una larguísima historia a sus espaldas que, esperemos, se haya detenido bajo los desgastados pies de Jesús de Medinaceli en Lucena.

(Foto de Merjuma)

miércoles, 17 de abril de 2013

Luces y sombras del Viernes Santo lucentino.

Siempre se ha dicho que el Viernes Santo es el día de la Semana Santa más genuinamente lucentino. Partiendo de la base de que la santería es el elemento diferenciador de nuestras procesiones, hemos de considerar que la Archicofradía de Jesús Nazareno ha mantenido la tradición de que sus hermanos salgan ataviados con una túnica muy similar a la de los santeros. La irrupción de la estética cofrade sevillana, sobre todo a partir de los años veinte del pasado siglo, provocó la inclusión del hábito de nazareno en los desfiles procesionales, cuya diferencia principal con respecto a los de Lucena radicaba en el uso de un capirote y un antifaz. La hermandad de Jesús Nazareno fue la única que decidió conservar la tradición, que más tarde sería retomada por el Carmen. Pero la hermandad ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos y ha demostrado estar a la altura de las circunstancias en los últimos años. Así, se está llevando a cabo una importantísima labor con respecto a la conservación del patrimonio. A la reconstrucción de San Pedro Mártir, empresa faraónica, hay que sumar la restauración de distintas piezas del bordado como la túnica de las uvas de Jesús o un manto de salida de la Virgen del Socorro, así como la restauración del Nazareno por parte del IAPH. Todo ello es una señal inequívoca de las inquietudes de una junta de gobierno capaz de abordar temas espinosos pero ineludibles.

En los últimos años se está hablando de la necesidad de potenciar el turismo en nuestra Semana Santa, razón por la que hemos de adoptar la perspectiva del visitante para evaluar lo que se les ofrece. Para un turista, o para cualquier lucentino que no forme parte del cortejo, resulta prácticamente imposible contemplar el paso de la cofradía desde una acera ya que ésta se ve invadida por las promesas, no contentas con ocupar todo el ancho de la calle. El desorden de la cofradía parece ser una característica del Viernes Santo unánimemente aceptada pero debería reservarse para el espacio que van a ocupar los pasos, la calle. Probablemente sea el mayor inconveniente del Viernes Santo, herencia de tiempos en los que todo el pueblo salía alumbrando y muy poca gente esperaba para ver pasar al Señor.

Por otra parte, sería interesante recuperar las antiguas túnicas de "percalina" o "ruán" morado, que se han ido sustituyendo por otras mucho menos vistosas, al igual que la cera del cofrade color tiniebla, complemento insustituible de los hermanos de Jesús. 

Finalmente, y a modo de utópica propuesta, la fantástica talla de Jesús Nazareno luciría mucho más majestuosa sobre su antigua peana de carrete o, en cualquier caso, en un trono a la altura de su valía. No hemos de olvidar que, tradicionalmente, Jesús ha salido sobre peana hasta principios del siglo XX, cuando se adquiere el trono que hoy utiliza la cofradía del Cristo del Amor. Las actuales andas, queramos o no, no son las adecuadas para una cofradía fundamentada, precisamente, en la tradición. 

En definitiva, el Viernes Santo es una jornada con innumerables luces, entre ellas la irradiada por los propios titulares, pero con pequeñas sombras que, solucionadas, harían perfecto este día.