miércoles, 6 de marzo de 2013

Su última Cuaresma en Lucena


Hace un año saltaba a los medios de comunicación una sorprendente noticia: el Nazareno de Pasión debía volver a Luque. El obispado tenía claro que la casa de la imagen no era otra sino el Hospital de Jesús Nazareno de esta localidad de la Subbética. En cambio, a petición de la cofradía de Pasión, la imagen pasaría un año más en nuestra ciudad para procesionar por última vez el Lunes Santo de 2013.

A menos de un mes de Semana Santa, la partida del Cristo parece inminente. Su cofradía, la que desde los años noventa viene procesionándolo, ya va despidiéndose de él, al igual que sus devotos, entre los que se encuentra Jesús Rodríguez López, hijo del lucentino que consiguió que la talla llegara a nuestra ciudad. A través de los documentos subidos a su blog ha ido demostrando que la estancia del Cristo de Pasión en Lucena entraba dentro de la legalidad, a pesar de que se haya puesto en duda más de una vez. El citado blog es una fuente muy interesante para tratar el tema desde el punto de vista de un lucentino. En cambio, nos queda situarnos en el otro lado.

Para ponernos en la perspectiva de un luqueño es muy recomendable el artículo “Se busca en Luque” del cronista don Rafael Luque Jiménez1. En él, hace una defensa de la vuelta del Cristo, si bien aprovecha para agradecer a los lucentinos el trato que han dado a la imagen. Efectivamente, en estas tres décadas que ha permanecido en nuestra ciudad ha recibido culto y ha sido restaurado, pero sería injusto asegurar que en Luque nunca fue tenido en cuenta. Los orígenes del Nazareno, de Pasión para los lucentinos, se remontan a 1752, cuando don Cristóbal Roldán Baena decide crear un hospital para pobres y enfermos en la localidad de Luque con el título de Jesús Nazareno. Veinte años más tarde, los deseos de este luqueño se materializaban gracias, en parte, a la llegada de los Hospitalarios de Jesús Nazareno, congregación creada por el padre Cristóbal de Santa Catalina que, precisamente, será beatificado este año. Es entonces cuando se coloca la imagen de Jesús Nazareno en el altar mayor, permaneciendo allí durante dos siglos hasta que, por obras, tuvo que ser trasladado a la parroquia de la Asunción. Justo cuando su devoción atravesaba el peor de los momentos, nuestro paisano lo rescataba de un inevitable e injusto olvido.

Con el depósito de la imagen en la parroquia de Santo Domingo quedaba abierta la polémica que ahora se cierra, aunque no sea como muchos desean. Y es que en Lucena comenzó a procesionarse, primero desde este templo y más tarde desde el convento franciscano, haciéndose cargo de él la cofradía de Pasión. Y fue en nuestra localidad donde se restauró y donde se le confeccionaron túnicas y distintos enseres. En cambio, y no debemos dejarnos llevar por lo anterior, su casa siempre estuvo en Luque, a pesar de que sus hijos lo apartaran en un momento dado por motivos que se les escapaban, y se nos escapan a nosotros también, de las manos. Y, quizá, lo más justo sea su vuelta, que, por otra parte, la hermandad de Pasión podría aprovechar para poner en las calles al fantástico Amarrado a la Columna, titular histórico de la cofradía.

Ha llegado, en definitiva, el momento de despedir al Nazareno que popular y cariñosamente llamamos “del Derribo”, y de entregarlo a un pueblo que, casi con toda seguridad, lo acogerá con el mismo afecto con el que en Lucena se ha tratado.

1Visto en http://www.enluque.es/paginas/articulos/se-busca.htm

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