miércoles, 17 de octubre de 2012

Y en otoño, la Aurora.

El pasado domingo 14 de octubre, segundo domingo del mes, la hermandad de la Virgen de la Aurora de Lucena celebraba uno de los días más importantes dentro de su calendario de cultos. La festividad de Nuestra Señora se iniciaba con una eucaristía por la mañana, amenizada por la "Misa de los Campanilleros", aperitivo de la salida procesional, ya por la tarde.
 
Anualmente, el pueblo de Lucena se congrega a las puertas de la pequeña ermita de la calle Abad Serrano para asistir a una de las más hermosas procesiones de cuantas se celebran en la ciudad. La Aurora supone para los lucentinos el principio del otoño. El carácter de transición también está asociado a la propia advocación de la titular, que nos evoca a ese momento en que la oscuridad comienza a dejar paso a la luz, el límite entre la más inquietantes tienieblas y la esperanzadora claridad.
 
Precedida por su coro de campanilleros, la Virgen de la Aurora se abre paso por su barrio entre el calor de sus vecinos y las coloridas luces de las bengalas que afloran en aceras y balcones. La luz, la música, incluso el olor de las castañas asadas, forman parte de una de las fiestas más peculiares de Lucena que se repite, como manda la tradición, con la llegada del otoño.
 
 

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