jueves, 27 de septiembre de 2012

Imágenes para el recuerdo (II).

En el año 2011, la hermandad del Cristo del Valle dedicó cultos a su titular mariana, María Santísima de la Amargura, algo inusual en esta corporación del Miércoles Santo. Para ello, se dispuso a la dolorosa en un dosel ante el retablo mayor, tapando la embocadura del camarín de la Virgen del Valle. Por este motivo, la imagen de gloria tuvo que ser desplazada hasta un lateral.
 
En cambio, lo curioso de esta fotografía no es el hecho de que las dos imágenes marianas se encuentren en una disposición diferente a la habitual. La Virgen del Valle está colocada ante un retablo que, si nos fijamos, aparece vacío. Es el retablo que habitualmente ocupa la Inmaculada Concepción, una bellísima talla dieciochesca que, cuando fue tomada la instantánea, estaba en la capital cordobesa.
 
(Foto F.G.Sanmiguel)
 
La Inmaculada, relacionada con el taller de los Mora, presidió uno de los ábsides de la iglesia de la Magdalena durante la celebración de la exposición Gratia Plena. La muestra, que pudo visitarse entre el 8 de octubre y el 18 de diciembre de 2004, pretendía conmemorar el CL aniversario de la proclamación del Dogma de la Inmaculada Concepción. Para ello, se reunieron singulares piezas de la escultura y la pintura cordobesa, de autores tan destacados como José Risueño, Alonso y Pedro de Mena, Francisco de Ocampo, Pedro Roldán, Pedro Duque Cornejo o Juan de Mesa.
 
 
(Foto F.G.Sanmiguel)
 
En la fotografía superior, la Virgen de Villaviciosa, veneradísima por los cordobeses en siglos pasados y actualmente expuesta en el majestuoso tabernáculo del retablo mayor de la Catedral.
 
(Foto F.G.Sanmiguel)
 
También estuvo presente la Virgen de la Aurora de la iglesia de San Francisco





martes, 4 de septiembre de 2012

Patrimonio perdido de Lucena: El convento de San José

Una de las pérdidas que más hemos de lamentar los lucentinos, tanto por la valía del edificio y lo que contenía, como por el impacto visual que se produjo tras su desaparición, es la del convento carmelita de San José. Su fundación se produjo en 1612, tras la autorización de don Enrique de Aragón, Señor de Lucena, para que las religiosas carmelitas establecidas en Cabra en 1603, se trasladaran a Lucena.

En un principio, las monjas se establecen en unas casas para, más tarde, construir el edificio, cuya iglesia se edifica hacia 1723, sustituyendo a otra anterior.
Emplazado en la esquina de la Plaza Nueva con la calle La Villa, tenía una primera puerta de acceso, muy sencilla, rematada por un frontón triangular, que comunicaba con un patio, a modo de compás.


Traspasado el patio, se llegaba a la iglesia en sí, cuya fachada, de sencillas trazas, está en consonancia con otros templos de la orden y otras iglesias lucentinas salidas del ingeni de Leonardo Antonio de Castro Hurtado. Su sencillez arquitectónica, contrastaba enormemente con el interior, donde la decoración se desplegaba por todos sus muros.

Del interior destacaba el retablo mayor, una magnífica máquina realizada por Antonio Primo entre 1738 y 1740, costeado por la noble Agustina Teresa Valdecañas. Está dividido en tres calles, separadas por estípites y soportes a medio camino entre el estípite y la columna salomónica, rematándose en forma de "cascarón de huevo". En el banco, el Sagrario y Manifestador, sobre el que se apea el camarín, actualmente presidido por una escultura de San José. A los lados, Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz, mientras que, dando paso al ático, se sitúa a la Virgen del Carmen. Se trata, sin duda, de una exaltación de la orden carmelita entre una menuda decoración vegetal y retorcidads molduras.

A ambos lados del crucero, se situaban retablos más sencillos, neoclásicos, con las esculturas de Santa Teresa, que actualmente se venera en la Parroquia de Santiago, y otro santo carmelita, quizá San Juan de la Cruz. En la fotografía extraída de la página web de la hermandad de la Virgen de Araceli, que a continuación mostramos, se puede observar a la santa de Ávila en uno de esos retablos.

En cuanto al camarín, parece que no siempre estuvo presidido por San José. En la fotografía sacada de la Fototeca de la Universidad de Sevilla, correspondiente a un amplio reportaje de Antonio Palau y realizada en junio de 1965, parece que es Nuestra Señora del Carmen la que centra el camarín. Esta imagen puede corresponderse con la que, en la actualidad, se expone en un lateral del nuevo convento.

El claustro era sencillo, con arcos de medio punto apeados sobre pilares cuadrangulares. Al centro, como no podía ser de otro modo, una fuente.

El convento carmelita albergaba numerosas obras de arte, tanto escultóricas como pictóricas. Gracias al anteriormente citado Antonio Palau, conocemos algunos lienzos que pendían de los muros del templo y de las dependencias internas.
Santa Teresa de Jesús

Ecce Homo


Estigmatización de Santa Teresa
Fray Francisco del Niño Jesús

El Milagro del Tributo

Retrato de Isabel la Católica

Relicario



También resulta interesante esta instantánea del Patriarca San José, que actualmente preside el camarín, ocupando otro retablo.

También se albergaban pequeñas esculturas de San José y Santa Teresa, así como un Niño Jesús y una Virgen del Socorro.



Desgraciadamente, a partir de 1965, el convento entra en un estado de ruina que llevó a la comunidad a trasladarse, en 1966, a Aguilar de la Frontera. El edificio es derribado para construir bloques de pisos, si bien la comunidad de carmelitas se queda en Lucena en un convento levantado en 1972 por el arquitecto José Garnelo. Afortunadamente, el retablo mayor y otras piezas artísticas fueron conservadas en el nuevo edificio.



La comunidad carmelita estuvo íntimamente relacionada con la Archicofradía de María Santísima de Araceli, siendo sus monjas las bordadoras del manto blanco con el que la Patrona de Lucena fue coronada en 1948. La dirección corrió a cargo de la madre María del Carmelo,siendo entregado en 1922.



En este año de 2012, con motivo del aniversario de la llegada a Lucena de la Virgen de Araceli, la Señora visitó el nuevo convento, donde permaneció durante unos días para ser trasladada, nuevamente, hasta San Mateo en una magna procesión acompañada por santos procedentes de distintos órdenes religiosas entre los que se encontraba Santa Teresa.




En la actualidad, la comunidad pretende abandonar otra vez el convento para trasladarse a uno nuevo, alejado del trasiego de la vida del barrio de Santa Teresa.