lunes, 2 de julio de 2012

Patrimonio perdido de Lucena: La ermita de San Marcos

En la esquina de la calle San Marcos con Cabrillana, se levantó en 1574 la ermita dedicada a este santo. Como indica López Salamanca en Historias Lucentinas (II), en un principio su patrocinador, Fernando de Gálvez y Cuéllar, quiso dedicársela a San Sebastián, si bien el Marqués de Comares, don Diego Fernández de Córdova, propuso su posterior y definitivo nombre. Un año antes, Gálvez había pedidio los oportunos permisos a Palacio, siendo concedidos por el Obispo Fray Bernardo de Fresneda. En sus trazas participaron los albañiles Simón Ramírez y Cristóbal de Morales.



La ermita tenía tres naves separadas por columnas que, a su vez, sostenían cuatro arcos de apuntados realizados en ladrillo. Se cubría con un artesonado. Los descendientes de Fernando de Gálvez fueron patrocinadores de la ermita, llegando a enterrarse bajo el altar mayor.

La cofradía surgió poco después de la construcción de la ermita, si bien la imagen del titular no consta en un inventario hasta 1750. Se atribuye al escultor malagueño, afincado en Jaén, José de Medina. Precisamente en los años cincuenta del Setecientos lo encontramos trabajando en la decoración escultórica del Sagrario de la Parroquia de San Mateo.


Con anterioridad, el primer hermano mayor, Miguel Jerónimo de Almagro, había donado una imagen de Jesús Crucificado, que sería venerado en la capilla de la Magdalena. También recibían culto en la ermita una Piedad y un San José, ambas presidiendo las naves laterales, así como pinturas del Crucificado, la Virgen del Carmen, una escultura de San Isidro Labrador, y el Cristo de las Mercedes, un crucificado.

El retablo que cobijaba a San Marcos fue trazado hacia 1775 por Diego de Burgos, que completó la decoración de la iglesia junto a otros para los laterales. Resultaría una ermita no demasiado grande pero capaz de albergar la devoción que el santo congregaba en los aledaños de la calle Cabrillana, barrio que recorría en procesión durante su festividad.

En 1839 comenzó el declive de la ermita. Ese año, San Marcos se llevó hasta la ermita de Nuestra Señora de la O por el mal estado de la techumbre de las naves laterales, que finalmente cedieron. A pesar del duro golpe, las columnas fueron sustituidas por pilares y los arcos apuntados dieron paso a otros de medio punto, pudiendo reconstruirse a pesar de los cambios efectuados en el edificio. Cuatro años después del fatídico desplome, volvía a la ermita San Marcos, que permanecería allí no mucho más de una centuria.

En 1965, la ermita de San Marcos se demolió, tras haber sido abandonada durante la posguerra y haber suprimido los retablos que contenía. La imagen del titular sigue recibiendo culto en el retablo que preside la nave de la Epístola de la Parroquia de San Mateo, si bien antes lo hizo en otro retablo de la misma nave. Aunque el calor de su barrio lo haya perdido, todavía podemos admirar esta hermosa escultura.


- LÓPEZ SALAMANCA, Francisco, Historias lucentinas (II), Lucena, 2005.


 

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