jueves, 24 de mayo de 2012

La lluvia no pudo con Araceli (Arimatea.org)


21.05.12 LUCENA
La lluvia no pudo con Araceli

A las once de la mañana del pasado domingo 20 de mayo, las naves de la parroquial de San Mateo de Lucena esperaban a Monseñor Demetrio González, Obispo de Córdoba. Acompañado por otros sacerdotes, y junto a la imponente presencia de María Santísima de Araceli, celebró la misa principal de los actos del 450 aniversario de la llegada a Lucena de la Patrona. La lluvia, como viene siendo habitual, impidió que tuviera lugar en la Plaza Nueva, donde se habían dispuesto dos mil sillas ante un hermoso escenario cuajado de flores. La inestabilidad de esta primavera, no sólo obligó a hacer un cambio drástico en el Pontifical, para el que se habían convocado voluntarios que ayudaran a la Real Archicofradía en las labores de organización, sino también en la procesión triunfal.


Tras finalizar la Eucaristía, durante la que se interpretó la Misa del Campo Andaluz del Maestro Villa Álarez de Sotomayor por parte de la Coral Lucentina y la Orquesta Sinfónica del Conservatorio Superior de Música de Lucena “Maestro Chicano”, se entonó el Himno de María Santísima de Araceli, del gaditano José María Pemán. San Mateo, al unísono, se dirigió a la Señora con estos magistrales versos, que sirvieron de preámbulo a la breve procesión. La hermandad, en una acertada decisión, suprimió buena parte del cortejo para que Araceli pudiera recorrer la Plaza Nueva de forma rápida. La Agrupación Musical llegada desde Jódar se colocó en el centro de la plaza para dedicar algunas notas a la Santísima Virgen que, tras un chaparrón, se puso en la calle. Fue inevitable recordar la procesión extraordinaria del Cincuentenario de la Coronación, en 1998, ya que el escueto recorrido fue exactamente el mismo. Pero, esta vez, no iba sobre un trono cuajado de flores desde los varales hasta la peana, sino en el dorado paso de San José, desprovisto de candelabros, y con su hermoso terno blanco y las coronas de oro que Cayetano González labró para que cubrieran sus benditas sienes.

Y así, como un haz de luz, entre furtivos rayos de sol y bajo pesadas y grises nubes que se turnaban en el cielo para venerar a la que es Reina y Altar del mismo, Araceli alcanzó el Ayuntamiento. Allí, giró sobre sí misma para volver a mirar a San Mateo, donde entró minutos más tarde. La lluvia no quiso que la procesión, a la que iban a asistir representaciones de hermandades, mantillas y distintas representaciones de instituciones locales, durara más tiempo. Pero Araceli, portada por miembros de la Archicofradía, tampoco quiso que sus hijos se quedaran sin verla.

El Pontifical no supuso, ni mucho menos, el broche de los actos de este año Jubilar Aracelitano. El miércoles 23, realizará el último de los traslados previstos, que la llevará hasta la recientemente creada Parroquia de la Sagrada Familia, con sede temporal en la Iglesia de Nuestra Señora del Valle. Hasta entonces, María Santísima de Araceli sigue siendo centro de la vida de los lucentinos, que se acercan a sus plantas para rezarle, pedirle y agradecerle.
Antonio Ruiz Granados

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