lunes, 19 de marzo de 2012

Tiene Lucena un Nazareno

El viernes 16 de marzo, las puertas de la parroquial de San Mateo se abrían para que el Santísimo Cristo del Amor saliera en Via Crucis. No era la primera vez que este piadoso acto se organizaba en torno al albo Nazareno, pero sí era una ocasión especial ya que la hermandad había diseñado para él un hermoso recorrido que lo llevaría, entre otros lugares, al lugar en que originariamente fue venerado.

El Señor iba dispuesto en unas pequeñas andas, adornadas con claveles y lirios, y con los antiguos faroles, adquiridos a la hermandad de la Paz de Córdoba, como iluminación. Con un lento y cadencioso andar, fue atravesando las calles del centro y de Santiago, la famosa Judería que tanto nos empeñamos en promocionar ahora. Y así, casi escurriéndose entre los zócalos y arropado por fachadas y rejas, fue atravesando una maraña de  calles a los sones de música de capilla. Pero, como si fuese un suspiro, regresó pronto a la Plaza Nueva. Allí lo esperaban sus hermanos, santeros y el público que lo había acompañado, y su Madre de la Paz que, desde la penumbra del altar ya aguarda  el Martes Santo.


Hemos de felicitar a la hermandad del Amor por la organización del Via Crucis. Fue un auténtico regalo para los sentidos, que se deleitaron con su sereno semblante, su portentosa silueta recortada en las paredes, y con el silencio de su caminar. Y es que, tiene Lucena un Nazareno, que consigue provocar escalofríos con su mirada. Una mirada que desde hace siglos sobrecogió a los que visitaban la capilla de la calle Corralás y que, desde hace unas décadas, corta el aliento a los que se acercan a las rejas de su capilla de San Mateo. Y que así sea durante muchos años.


(Foto M. Delgado)
           




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