miércoles, 28 de marzo de 2012

Último fin de semana de Cuaresma

El sábado 24 de marzo, salía la Esperanza del Asilo de Málaga, por segundo año consecutivo. El paso de palio, portado por jóvenes hermanos, caminó bajo un cielo nublado tras filas de morados hermanos.

Pero, sin duda, fue el Domingo de Pasión el que más actos acumuló. Por la mañana, desde la Parroquia de San Felipe Neri, partía el traslado de los titulares de la Sangre. A los sones de marchas como "Nuestra Señora del Subterráneo" o "La Esperanza de Triana", la Virgen de Consolación y Lágrimas se acercó poco a poco a su casa hermandad de la calle Dos Aceras, desde donde volverá a salir el Miércoles Santo bajo su nuevo palio.

Por la tarde, en Lucena, se abrían las puertas de varios templos para que el numerosísimo público que abarrotaba las calles pudiera venerar a las imágenes. Era el caso de San Mateo, donde el Cristo del Amor, con el majestuoso retablo mayor de fondo, se exponía en besapié. En la nave del Evangelio, se exponían las nuevas cantoneras de su cruz, así como una saya bordada en oro fino por Mariano Martín Santonja para la Virgen de la Paz. Magnífico ambiente en una gran hermandad.

Multitudinario resultó el besapié de Jesús Nazareno, cuyas colas se extendían por la calle Curados y el Peso, llegando a esperar hasta una hora para entrar en la Capillita. Gracias a este piadoso acto, pudimos contemplar de cerca el resultado de la magnífica restauración efectuada por el IAPH.


También se expusieron en besamanos las dolorosas de la Soledad, Ángeles y Divino Consuelo, que normalmente recibe el beso de sus devotos el día de la Inmaculada Concepción.




lunes, 19 de marzo de 2012

El preámbulo de lo más intenso

La cercanía de la Semana Santa, hace que conforme pasen las semanas, los actos cofrades se intensifiquen. Así, el pasado viernes salían los Via Crucis del Cristo del Amor de Lucena, del que ya hemos hecho una reseña, y del Descendimiento de Cabra. La imagen egabrense, realizada por Antonio Bernal para una recientemente recuperada hermandad que viene a completar el Viernes Santo de la ciudad, recorrió las calles de Gargallo, la famosa "barriada". A pesar de que no fueron demasiados los fieles que siguieron el rezo de las estaciones, mereció la pena la visita tan sólo por ver la imagen y escuchar la capilla musical que, sin duda, tenía un buen nivel.


(Foto Charitatis del blog "El Enfoque Cofrade")


Desde la iglesia del Cerro, salía el sábado el Via Crucis del Lavatorio de Cabra. Sin ningún tipo de acompañamiento musical, el Cristo presidió este rezo en las calles del barrio.


(Foto Flickr)


Finalmente, el domingo 18 se celebraban numerosos cultos en Sevilla. En primer lugar, visitamos el templo de la Anunciación. A los pies de un imponente altar de cultos, la Virgen del Valle recibía el beso de sus devotos.


(Foto Fototeca Universidad de Sevilla)


En el barrio de Triana, la calle San Jacinto era un auténtico trasiego de personas que se acercaban a la capilla de la Estrella. La Señora, que estrenaba saya, ofrecía su hermosísima mano derecha a los devotos, que se arremolinaban en torno a Ella.




Entretanto, en el Porvenir, era el Cristo de la Victoria el que centraba el presbiterio, justo dos semanas antes de salir a la calle para abrir la Semana Santa sevillana.





Finalmente, en otro señero barrio sevillano, San Bernardo, el Cristo de la Salud estaba expuesto en besapié. El templo, prácticamente a oscuras, daba pie a la meditación ante el sereno rostro del crucificado.







Tiene Lucena un Nazareno

El viernes 16 de marzo, las puertas de la parroquial de San Mateo se abrían para que el Santísimo Cristo del Amor saliera en Via Crucis. No era la primera vez que este piadoso acto se organizaba en torno al albo Nazareno, pero sí era una ocasión especial ya que la hermandad había diseñado para él un hermoso recorrido que lo llevaría, entre otros lugares, al lugar en que originariamente fue venerado.

El Señor iba dispuesto en unas pequeñas andas, adornadas con claveles y lirios, y con los antiguos faroles, adquiridos a la hermandad de la Paz de Córdoba, como iluminación. Con un lento y cadencioso andar, fue atravesando las calles del centro y de Santiago, la famosa Judería que tanto nos empeñamos en promocionar ahora. Y así, casi escurriéndose entre los zócalos y arropado por fachadas y rejas, fue atravesando una maraña de  calles a los sones de música de capilla. Pero, como si fuese un suspiro, regresó pronto a la Plaza Nueva. Allí lo esperaban sus hermanos, santeros y el público que lo había acompañado, y su Madre de la Paz que, desde la penumbra del altar ya aguarda  el Martes Santo.


Hemos de felicitar a la hermandad del Amor por la organización del Via Crucis. Fue un auténtico regalo para los sentidos, que se deleitaron con su sereno semblante, su portentosa silueta recortada en las paredes, y con el silencio de su caminar. Y es que, tiene Lucena un Nazareno, que consigue provocar escalofríos con su mirada. Una mirada que desde hace siglos sobrecogió a los que visitaban la capilla de la calle Corralás y que, desde hace unas décadas, corta el aliento a los que se acercan a las rejas de su capilla de San Mateo. Y que así sea durante muchos años.


(Foto M. Delgado)
           




martes, 13 de marzo de 2012

La cita de Córdoba con los Remedios

Cada martes y 13, sin necesidad de carteles ni de anuncios en redes sociales, el pueblo de Córdoba se reúne en San Lorenzo en torno a la Virgen de los Remedios. Una antigua tradición, escasamente estudiada y analizada, afirma que han de ser tres los deseos que se pidan a la imagen, concediendo uno de ellos. Con ese aliciente, resultan lógicas las enormes colas que se forman a las puertas del emblemático templo.

(Foto Morales)

lunes, 12 de marzo de 2012

Tercer fin de semana de Cuaresma

El pulso de nuestras hermandades se acelera conforme pasan los días. Y este tercer fin de semana, que ayer tocó a su fin, ha estado cargado de todo tipo de actos, desde conciertos hasta besamanos y besapiés.

En Lucena, se presentaba a la devoción de los fieles la bellísima dolorosa, nunca lo suficientemente valorada, de Pasión y Ánimas. A la derecha del altar mayor, la Virgen extendía su mano derecha a los devotos, mientras en el lado opuesto del presbiterio se había dispuesto, como en otras ocasiones, al Cristo de Pasión, que en estos últimos días ha sido centro de titulares al reavivarse la polémica de sus orígenes en Luque.

(Foto de J. Camargo)

Al mismo tiempo, en la Parroquia de Santiago se hacía lo propio con la imagen de Nuestro Padre Jesús Caído.


En Cabra, se llevaron a cabo dos Via Crucis. El primero de ellos, partía desde San Juan Bautista para recorrer las imágenes del Cerro con la imagen del Cristo de la Vera Cruz. Poco después, salía el Cristo de Columna y Azotes por otro popular barrio, el de la Villa.


La devoción y sus condiciones

El pasado viernes 9 de marzo, la encrucijada de San Pedro y Curados era un auténtico hervidero de lucentinos que se desplazaban allí con un mismo fin: reencontrarse con la imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno. Hacía prácticamente un año desde la última vez que se vio al Señor bajo su baldaquino de mármol. Pero, a pesar de los nervios propios por volver a ver a Nuestro Padre, los comentarios que se escucharon fueron de lo más dispares.



Desde 1989, el IAPH trabaja interviniendo bienes culturales en unas completísimas instalaciones, situadas en el antiguo Monasterio de Santa María de las Cuevas de Sevilla, contando con un numeroso equipo interdisciplinar. A este prestigioso organismo se le encomendó la restauración de Jesús Nazareno, que ha llegado a coincidir en tan importante taller con otras grandes obras como la Virgen del Rosario de Granada, responsable de la victoria en la Batalla de Lepanto; las Angustias de Córdoba, grandioso grupo del inigualable Juan de Mesa; o el paso de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder, fuente de inspiración de muchas de las andas actuales. La decisión de la Archicofradía no pudo ser más acertada, pero tampoco estuvo exenta de polémica. Desgraciadamente, en el mundo de las hermandades se prefiere volver la cara a la realidad antes que enfrentarse a ella, encargando la puesta en valor de nuestro patrimonio. Es labor de nuestros cofrades mantener viva esa llama de fe, materializada en las imágenes, que nuestros antepasados nos han legado y que estamos obligados a perpetuar a las generaciones venideras. Nuestros titulares son depositarios de las oraciones de los fieles, de sus inquietudes y sus problemas. Pero, además de esa importantísima vertiente espiritual, tienen un carácter indudablemente material que las hace sumamente frágiles.

Las labores de restauración no sólo han consistido en paliar los problemas estructurales de la imagen, sino también en limpiar su policromía. Este proceso, acarrea una de las consecuencias más temidas por los devotos: la pérdida de pátina y, por tanto, la desaparición de un supuesto tono moreno. Al respecto, es muy recomendable un libro de fácil y amena lectura del prestigioso historiador, crítico y restaurador italiano Cesare Brandi, Teoría de la restauración. El que fuera fundador del “Istituto Centrale del Restauro” en Italia, ya habló sobre la problemática de las veladuras y pátinas, si bien hay distintas corrientes al respecto. En cualquier caso, un buen número de restauradores especializados en obras expuestas a la veneración de los fieles, se han posicionado, a través de sus trabajos, a favor de la limpieza de toda huella del paso del tiempo por las esculturas, dejando su policromía tal y como fue concebida. Pero, al igual que nos pasa con grandes obras de arte, desde las esculturas romanas hasta el mismísimo Partenón de Atenas, nos hemos acostumbrado a una imagen que dista mucho de la original. Dicho de otro modo, ni el Partenón fue siempre blanco, ni nuestras tallas fueron siempre morenas.

En definitiva, y a falta de la información que los restauradores darán próximamente en una conferencia, podemos estar agradecidos a la Archicofradía de Jesús Nazareno por haber apostado por su patrimonio, cuya máxima expresión es la imagen misma de Nuestro Padre, aunque dicha decisión venga acompañada del disgusto de algunos sectores. El tiempo pone todo en su lugar y nosotros nos acostumbraremos a este sensible cambio. Y Jesús estará ahí para recibirnos.